sábado, 22 de octubre de 2011

Cuento árabe


Había una vez un hombre cuyo padre era un anciano inválido. La esposa del hombre lo fastidiaba constantemente: “Estoy harta de ver a tu padre. Tendrás que elegir entre nosotros. Si prefieres al viejo, yo me iré”. El pobre esposo le pedía, implorando: “¿Qué debo hacer? Si yo no cuido a mi propio padre, ¿quién más lo hará?”

La mujer era inflexible. Después de pensar profundamente el asunto, el hombre decidió llevar a su padre a las montañas y dejarlo allí. Preparó la carreta, como si tuviera la intención de llevar de viaje a su pequeño hijo, luego le dijo a su padre: “Voy a ir a las montañas con el pequeño. ¿Por qué no vienes con nosotros? El aire te hará bien”.

Partieron los tres juntos a las montañas. Sin tener idea de lo que le aguardaba, el anciano charlaba con su nieto y compartía la alegría del viaje con él. Al final llegaron a un bosque solitario. El hombre extendió unas mantas en el suelo, acostó al padre, y puso algo de comida y agua a su lado. “Quédate acostado aquí, padre”, dijo, “mientras nosotros vamos a cortar un poco de leña”.

Sin darse cuenta de lo que le había sucedido, el pobre anciano abuelo quedó abandonado en el desconcierto.

Pero cuando pasaron varias horas sin que nadie viniera a buscarlo, captó la razón de por qué había sido abandonado. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero en vano. ¿Qué podía hacer un desdichado viejo?

Mientras tanto, su hijo y su nieto estaban regresando al pueblo, dejando que el viejo tuviera su encuentro final con el destino. “¿Por qué dejamos a mi Abuelo en ese lugar solitario?” preguntó el niño. “¿No vamos a volver a buscarlo?” El hombre respondió: “Se ha hecho viejo. Ahora lo vamos a dejar allí”. Esta respuesta no satisfizo al inocente niño. “¿Pero por qué?” preguntó, luego exclamó: “¡Quiero a mi Abuelo!” Su padre insistió: “Está demasiado viejo, te digo. . .Tiene que quedarse allí”.

Pero finalmente el niño lo hizo entrar en razón con estas palabras: “Muy bien, cuando yo sea grande, tú estarás viejo y enfermizo como mi Abuelo. Cuando llegue ese momento, ¿debo dejarte en las montañas como tú dejaste a mi Abuelo?”.

Dándose cuenta del gran pecado que había cometido, el hombre regresó llorando. Encontrando a su padre en donde lo había dejado, cayó a sus pies. El anciano acarició la cabeza de su hijo. Diciendo: “No llores, hijo. Yo no abandoné a mi padre en las montañas, de modo que por qué haría Allah que tú me abandones a mí aquí?”

13 comentarios:

Titania dijo...

No creo que esto sea un cuento moruno porque ni al más fantasioso de los cuentistas se le pasaría por la cabeza la existencia de un ser inferior (las mujeres son inferiores en tu tierra, no?) con tanta autoridad como la de esa malvada mujer.
Vaya un patinazo...

Saludos.

Wafah dijo...

El cuento es árabe, te guste o no Titania, y las mujeres árabes tienen la misma influencia que cualquier otra. Tiran más dos tetas que dos carretas. No se de donde te sacas que la mujer es inferior al hombre. Se nota que no te has leido El Corán. Saludos.

Juan Ignacio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Ignacio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ricardo Miñana dijo...

Es posible que alguna mujer árabe tenga tanta autoridad, hoy en dia todo puede ser, inquietante narrativa.
que tengas un bonito fin de semana.
un abrazo.

manuelada dijo...

Bonito cuento, y muy oportuno en estos tiempos de egoísmo en que cada uno va a lo suyo... No esperaba que la concurrencia andara tan sobrada de prejuicios contra el Islam. En fin, milagros de la televisión...

miguel dijo...

Precioso cuento. Desgraciadamente cada día más aplicable.
Un saludo.

Navegante dijo...

y que hicieron después con la mujer?...

un saludo

Wafah dijo...

Ricardo, bienvenido a mi blog y gracias por participar.

Manuelada, pues si la verdad es que el egoismo es común en todas las culturas y no te preocupes pero ya estoy acostumbradas a que se metan con el Islam sin tener ni idea de lo que hablan.

Miguel, hacía tiempo que no te veia por aquí, es pero que todo te vaya fenomenal.

Navegante, ya era hora que dieras señales de vida. Creía que habías naufragado por esas procelosas aguas, jajajajaja. Bienvenido de nuevo.

Saludos a todos.

Navegante dijo...

Recorcholis...me llegó una andanada de ceporrismo sectario de gran calibre y casi se me hunde la nao...

Juan Ignacio dijo...

Es un cuento muy bonito. En Japón, hasta hace unos cien años, a los ancianos se les abandonaba en las montañas, como narra la película "La balada de Narayama". Ahora, en Occidente, los más afortunados entre los abandonados, lo son en asilos llamados con el eufemismo "Residencias de la Tercera Edad", que no son más que morideros.

Antony Sampayo dijo...

Un cuento fantástico e interesante.

Saludos.

★MaRiBeL★ dijo...

Bueno ahora se les abandona en las residencias... Se a modernizado todo un poco más y encima no parece tan cruel.
★MaRiBeL★

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