viernes, 4 de noviembre de 2016

El Castillo de Alhama de Granada


El castillo de Alhama de Granada se encuentra en el centro del casco urbano de la localidad, al lado de la iglesia del Carmen y de la Pila de la Carrera, frente al ayuntamiento. El castillo fue construido sobre la antigua alcazaba árabe. En el siglo XV creció su importancia, por ser llave esta fortaleza de la conquista granadina. Los Reyes Católicos conquistaron esta fortaleza con gran esfuerzo, aunque luego la recuperaron los moros granadinos, siendo conquistado definitivamente en febrero del 1482. Fue remodelado a principios del siglo XX. Entre las edificaciones defensivas de su entorno, todavía quedan torres vigías, como la de Torresolana.


La al-qasbah era el recinto fortificado que presidía la ciudad andalusí de Alhama, emplazándose en su espacio noroeste-suroeste, en el espacio comprendido entre la Puerta de Málaga y el Adarve de los Remedios.
Tenía varias puertas de acceso y en ellas se encontraban las fortificaciones defensivas, albergando una guarnición que conformaba una serie de dependencias militares con viviendas, caballerizas y almacenes.


Contaba además con la residencia del Alcaide, gobernador o máximo jefe militar, que se construía como una gran torre interior, la cual se conoció posteriormente como El Castillo.
La Torre de los Arcos de la Fortaleza era un espacio por donde el acueducto penetraba en la ciudad, para hacer llegar el agua a la población andalusí de Alhama.
Dicho acueducto, de cronología imprecisa, conduciría el agua a la medina (madina) y a la alcazaba (al-qasbah), donde pudo haber existido un aljibe (algubb) para su almacenamiento.

1 comentario:

DDonPPablo Ramirez dijo...

Las imágenes de esta hermosa ciudadela nos hacen comprender el dolor de aquel Rey moro por su perdida en uno de los más bellos y sentidos romances:

Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarrambla.
–¡Ay de mi Alhama!

Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego,
y al mensajero matara.
–¡Ay de mi Alhama!

Descabalga de una mula,
y en un caballo cabalga,
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
–¡Ay de mi Alhama!


Como en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
–¡Ay de mi Alhama!

Y que las cajas de guerra
apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros,
los de la Vega y Granada.
–¡Ay de mi Alhama!

Los moros que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos
juntado se ha gran batalla.
–¡Ay de mi Alhama!

Allí fabló un moro viejo,
de esta manera fablara:
–¿Para qué nos llamas, rey?
¿Para qué es esta llamada?
–¡Ay de mi Alhama!

–Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada:
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
–¡Ay de mi Alhama!

Allí fabló un alfaquí,
de barba crecida y cana:
–Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara.
–¡Ay de mi Alhama!

–Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
–¡Ay de mi Alhama!

–Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.
–¡Ay de mi Alhama!

Aparte del hondo sentimiento de la composición, lo más curioso es que formula el punto de vista de unos árabes que reprochan al Rey moro haber acabado con los famosos Bencerrajes como principal motivo de su pérdida.

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