sábado, 15 de junio de 2013

Cuentos de la Alhambra - Washington Irving


Cuentos de la Alhambra (Tales of the Alhambra) es una novela gótica del escritor norteamericano Washington Irving, compuesta en 1829 y publicada en 1832.

El título de la primera edición fue: La Alhambra, serie de cuentos sobre Moros y Españoles (The Alhambra: A Series of Tales of the Moors and Spaniards).

España siempre fue un escenario típico de la literatura gótica. Al igual que Oriente. Quizá por eso los Cuentos de la Alhambra es considerado como la novela gótica de mayor influencia en el romanticismo. En ella se funden dos naturalezas típicamente góticas: oriente y España; pero de un modo que supera cualquier ejercicio narrativo anterior.

Washington Irving residió durante una temporada en la Alhambra, aquel palacio ampuloso, sede del monarca del reino nazarí de Granada. La novela nos ubica en su magnífica arquitectura, en sus leyendas de guerras, amores y traiciones. El hilo conductor es el propio Washington Irving. Su voz es la voz del protagonista.


Las historias que flotan dentro de los Cuentos de la Alhambra se entremezclan con el presente -de 1829-, contrastando la belleza y el peligro del pasado con cierta melancolía en las callejuelas de la Granada recuperada.
 
Un astrólogo árabe de magias terribles que derrotan ejércitos enteros, tres hermosas princesas enclaustradas en una torre para evitarles el amor, un peregrino encerrado por los celos de un padre, el fabuloso tesoro encontrado por un aguador, la Rosa de la Alhambra, un laúd fantástico capaz de barrer la melancolía de los reyes. Tales son algunas maravillas de los Cuentos de la Alhambra.



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2 comentarios:

Arq. Pfunes dijo...

A pesar de su calidad literaria y de la fama inmortal que concedieron a la Alhambra, los "cuentos" fueron inicialmente causa de ruina para el monumento nazarí. Animados por los relatos d Washington Irving, legiones de viajeros anglosajones acudieron a la Alhambra y se llevaron "recuerdos", adquirieron edificios del recinto que bien demolieron para vender los expolios, bien restauraron a partir de expolios hasta convertirlos en fantasiosos pastiches. El Oratorio del Partal por ejemplo fue pintado y recubierto de azulejos varias veces en función de los caprichos de sus propietarios.

Y cuando a mediados del siglo XIX por fin todo el conjunto pasa a titularidad estatal, los restauradores hicieron más caso a Irving que a la historia y la arqueología y restauraron de forma que el monumento respondiera antes a las expectativas orientalistas de quienes lo visitaban inspirados por el autor americano que a la verdadera realidad histórica. Sirva de ejemplo el cupulín que durante décadas coronó los pabellones del Patio de los Leones y que finalmente fue retirado por Torres Balbás en el siglo XX.

Así que su valoración es agridulce. Por un lado consiguió dar justa relevancia a la Alhambra (que por otra parte ya venía siendo estudiada desde la Ilustración, baste ver las Antiguedades Árabes de José de Hermosilla y Juan de Villanueva), pero por otro estuvo a punto de causar la ruina definitiva del palacio.

Wafah dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Pablo. Desconocía todo este tema arquitectonico ya que mi entrada se centra en el aspecto literario. Siempre es bueno tener un experto a mano.

Por cierto, bienvenido de nuevo por aquí. Hacía tiempo que no comentabas y me alegro de que estés de vuelta.

Un saludo cordial.

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