viernes, 6 de abril de 2012

Leyendas de la Alhambra (1) - Leyenda sobre el nombre de la Alhambra


El nombre con el que se conoce este monumento, Alhambra, procede de la voz musulmana: al-Gal'a al-Hamrá, que significa "La Fortaleza Roja".

La nota curiosa viene cuando nos enteramos de que existe la certeza de que la Alhambra "se elevaba blanca y brillante"... Así pues: ¿Por qué era conocida por su color rojizo?

La razón más aceptada es la dada por el escritor Ibn Al-jatib, que cree hallar el motivo en su apresurada construcción. Debido a esta prisa, eran muchos los obreros que intervenían, y dícese que el color rojo provenía de sus hachas brillando al sol. Así mismo, por la noche se encendían fogatas para iluminar los trabajos de construcción, lo que también daba un aspecto rojizo para quien la observase desde la Vega de Granada.

6 comentarios:

Mia dijo...

fantástico. muy hermoso tu pueblo

Eduardo52 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Wafah dijo...

Eduardo, esto no es una pagina de contactos para encontrar pareja.
Saludos.

miguel dijo...

Al margen de estas leyendas, parece bastante claro que el apelativo de fortaleza roja parece bastante claro que se debe al color predominantemente rojizo de su construcción.
Por otro lado tampoco es extraño que desde la lejanía tenga una apariencia blanquecina por el contraste con la frondosa vegetación que la rodea o la complementa y la luz del sol y el reflejo de la nieve.
Aprovecho nuevamente para invitar a visitar esta maravilla de mi tierra.
Un saludo.

Wafah dijo...

Pues si, yo apoyo el comentario de Miguel y recomiendo la visita de la Alhambra a todo aquel que no lo haya hecho todavía. Es una visita que recordará siempre...

Saludos.

Jesús Cano Henares dijo...

Yo reo que se llama Alhambra por el color de la tierra, donde predomina la alpañata, un arcilla rojo fuerte muy abundante. Respecto a lo de que era blanca en época nazarí, parece más que probable, dado que se encalaban los muros para 1) deslumbrar a posibles invasores y 2) para pintar presumiblemente los muros y simular que, en lugar de con tapial (barro prensado) estaban fabricados con sillares de piedra, una costumbre habitual en al Andalus, que se aprecia, por ejemplo, aún en la fortaleza califal de Baños de la Encina (Jaén).

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