miércoles, 30 de noviembre de 2011

El café


Al morir el viejo maestro con el que Omar peregrinaba hacia la Meca, a consecuencia del cansancio, antes de expirar, le dijo que cuando se desprendiera su alma del cuerpo, se le aparecería un espectro al cual debería obedecer en todo lo que le mandara. Así sucedió la noche siguiente, y el espectro, delante de los ojos asustados de Omar, hizo brotar una fuente de la cual debería llenar su cuenco y seguir su camino pendiente de pararse donde el agua empezara a agitarse, porque allí pasarían cosas prodigiosas.
 
Fue al llegar a la ciudad de Moka cuando Omar observó que el agua se agitaba, al mismo tiempo que veía cómo los ciudadanos de Moka padecían una enfermedad mortal extraña. Hombre de natural piadoso, adquirió fama de santo porque curaba milagrosamente los enfermos a quienes oraba sobre sus cabezas. Precedido por esta fama fue llamado a palacio para curar a la hija del rey. Omar curó a la princesa, pero se enamoró de ella con tanta pasión que se propuso raptarla y llevarla consigo. El rey se enteró de las intenciones del enamorado y lo desterró al desierto, en el que, para desdicha suya, sólo había una cueva donde pasar la noche y unas pocas hierbas de mal sabor con que satisfacer el hambre.
 
Una mañana, Omar oyó el trino de un pájaro que estaba apoyado sobre una rama de un extraño arbusto con flores blancas y un fruto rojizo oscuro. Decidió probarlo y lo encontró tan delicioso que a partir de ese instante fue su sustento diario.
 
Narra la leyenda que aquella planta era un cafeto y que, con sus infusiones, Omar no sólo consiguió sobrevivir en la soledad del desierto, sino que además observó que tenía la propiedad de curar ciertas enfermedades, lo que hizo que la fama de esta planta se extendiese por todas partes. Informado el rey de este prodigio, le permitió volver a la corte y le regaló un precioso palacio.

8 comentarios:

Valaf dijo...

Pues qué historia tan bonita!!

Oye, y a mi que el café me chifla, es más, que casi me lo pongo en vena desde mi época de estudiante. Ese olorcillo por las mañanas es ya imprescindible.

Saludos

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Wafah dijo...

Lo siento mucho, anónimo, pero no voy a permitir ni un solo insulto o insinuación contra Valaf ni contra ningún comentarista en este blog. Si quieres decirle algo, diselo en su blog a ver si tienes cojones, cobarde.

COBARDE dijo...

Esa boca Wafah,
no te pega ese vocabulario.

miguel dijo...

Incluso lo más trivial merece una vena poética. Me gusta la historia.
Y el vocabulario perfecto. Sin faltas de ortografía.
Un saludo.

Wafah dijo...

Gracias Valaf, a mi tambien me encanta el café y no puedo pasar de mi tacita diaria.

Gracias Miguel, intento no meter mucho la pata cuando escribo, jajajaja.

Un saludo a los dos.

Juan Ignacio dijo...

¿Para qué querría Omar el palacio sin la princesa?

Wafah dijo...

Bueno,Juan Ignacio, no se puede conseguir todo en esta vida. A veces debemos conformarnos con lo que nos viene y dar gracias a Dios, que ya es bastante. Saludos.

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