domingo, 3 de abril de 2011

La lapidación, deshonra del Islam


En el Corán no aparece la lapidación. Catorce siglos después de su revelación a Mahoma, sin embargo, una decena de países (Arabia Saudí, Irán, Afganistán...) aplica esta pena salvaje en nombre del islam a solteros que mantienen relaciones sexuales y a adúlteros. Sobre todo a mujeres. La legislación internacional rechaza este ensañamiento.

La lapidación es el más brutal de los castigos físicos aplicados –no sólo– en algunos países islámicos. Cortar la mano de quien comete un hurto, el pie de quien roba, asalta caminos o se rebela contra el poder establecido, y fustigar ante distintos delitos o pecados completan el cuadro de penas consideradas hoy en día degradantes para la persona en las convenciones internacionales.

"Si la lapidación no existe en el Corán, ¿de dónde se han sacado tantas precisiones sobre cómo debe ejecutarse?". El código penal iraní cita los pormenores de la aplicación de la pena: "Al hombre se le entierra en un hoyo hasta la cintura mientras la mujer es enterrada hasta los hombros (...). Las piedras no deben ser tan grandes como para que la persona se muera con pocos golpes ni tan pequeñas que no se las pueda considerar piedras". Si el condenado es capaz de escapar con vida no volverán a intentar matarlo (el hombre juega con ventaja por tener al aire desde la cintura hasta los hombros, y alguna vez ha ocurrido), mientras que si muere por otra causa (un infarto, por ejemplo) se lapidará el cadáver. La pena prevista en el libro sagrado de los musulmanes para el adulterio, por el contrario, es la de recibir 100 latigazos, tanto para hombres como para mujeres. El castigo sería la mitad si la mujer fuera una esclava. De ahí se infiere, según explica Dolors Bramon, doctora en Filología Semítica e Historia, en Ser mujer y musulmana (Bellaterra), que es imposible que la pena prevista sea la lapidación.

En la Arabia del siglo VII, cuando surgió el Islam, estos castigos apuntaban una mejora respecto a las condiciones existentes. La lapidación era de tradición judaica, como queda recogido en la Torá y en el Antiguo Testamento, si bien su práctica desapareció hace muchos siglos. En el cristianismo quedó abolida al perdonar Jesús a la mujer adúltera que le llevaron escribas y fariseos para que ordenara lapidarla: "Anda, y desde ahora no peques más".
Desde el siglo XIX, intelectuales musulmanes vienen insistiendo en que hay que quedarse con el espíritu de avance que supusieron ciertas normas en el momento en que fueron dictadas y olvidarse de la literalidad del texto.

Sin duda los musulmanes han ignorado el espíritu del Corán. Los que dominan el árabe reconocen que no hay un texto más bello escrito en esta lengua. De ahí a tomarlo todo al pie de la letra hay un trecho. Hay contradicciones en el propio texto coránico y es fácil encontrar u pasaje del Corán que dice una cosa y otro que diga lo contrario. Se están llevando al extremo el detalle sobre como hacer las cosas (La comida, la forma de vestir o de relacionarse con los demás), en lugar de centrarse en cuestiones teológicas, que son las realmente importantes.

Irán, uno de los países árabes que aplica la pena de lapidación con más frecuencia, ha firmado la Convención de los Derechos del Niño cuyo articulo 37 prohibe para ellos la pena capital y la cadena perpetua. Sin embargo, los jueces iraníes rechazan cualquier norma que contravenga la religión con lo que su aplicación es papel mojado en la práctica.

Hay que decir claramente que la lapidación no es una ley islámica sino una ley de los hombres y además absolutamente indigna para el ser humano. Los derechos humanos son universales y en ningún caso pueden estar sujetos a particularidades culturales que los desvirtúen. La mayoría de los derechos humanos son de sentido común y, por tanto, globales, como el derecho a la vida o a tener un juicio justo. También hay que tener en cuenta las particularidades de cada región, pero eso no debe convertirse en un pretexto para violar los derechos humanos.

En puridad, la lapidación aparece solo en los hadices, que son relatos sobre la vida del profeta Muhammad, por cierto nada fiables, pero no en el Corán. En teoría, para pronunciar una pena por adulterio, el Corán exige que 4 testigos masculinos vean "desaparecer el miembro del fornicador dentro del cuerpo de la fornicadora de la misma manera que el cálamo desaparece en el tintero del escriba o la cuerda desaparece en el pozo". Esta condición es casi imposible de cumplir por lo que hace pensar que es más una pena disuasoria que para cumplirla realmente.

Y es que como dice el evangelio: “ Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”.

7 comentarios:

el que dice lo que piensa dijo...

que decir, la imagen habla por si sola. una completa salvajada.

saludos

Serk1492 dijo...

Y para variar, como bien has dicho, es una tradición judaica.

En Tarragona hace un año o dos se intentó lapidar a una musulmana (un "tribunal" musulmán ilegal), que consiguió huir, aunque tuvo que sufrir también cierto pasotismo de jueces y policias. Finalmente creo que se les encerró, aunque si no me equivoco la pena de cárcel no era muy duradera.

sinrrumbo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sinrrumbo dijo...

...como bien dices en tu articulo, una injusticia, y un castigo inhumano., un atraso mas , en las libertades individuales de la persona..,no tiene explicacion sensata , ese tipo de actos, tan violentos...

miguel dijo...

Creo que sólo con eliminar este tipo de salvajadas de sus leyes, y no siendo tan intransigentes con los disidentes de estas creencias los musulmanes ya tendrían mucho ganado, y efectivamente pienso que esto es la posterior lectura, de algún sádico, de un libro sagrado.
Un saludo.

Stop dijo...

Wafah, Irán no es un país árabe. Irán es un país islámico. En Irán hablan iraní y precisamente allí fueron a parar los arios que Hitler y los suyos, por equivocación inducida de cuatro "historietistas" románticos, creyeron tener como antepasados. Unos arios que en realidad nunca jamás pisaron terreno germano. Saludos.

Stop dijo...

Sobre el Corán y la lapidación. El Corán establece la Ley Mosaica como tradición y Ley divina. Mahoma no contradice nada de lo anterior a él, sólo suaviza algunas cosas, pero intenta ser el declarado sucesor final de la tradición judía y cristiana. Y es de la Ley Mosaica y de sus más de 600 preceptos sobre la vida, los castigos corporales, las leyes, etc., etc., como la prohibición de comer ciertos alimentos, que el Islam toma la lapidación. La Ley Mosaica tiene unos orígenes antiquísimos, se supone que más bien pre-egipcios, pues el Moisés judío, mentado también en el Corán, era posiblemente egipcio. El caso es que Egipto evolucionó mentalmente, pero otros pueblos cercanos, como los beduinos del desierto, conservaron estos antiguos y trasnochados, como brutales, preceptos legales.

El problema en el Corán, en ocasiones no es tanto lo que dice, como lo que no dice. El que calla, otorga. El el Corán, no hay nada que contradiga la Ley Mosaica, la que nuestros medios de desinformación, para que no se sepa su origen judío (en realidad, egipcio, pero primitivo) llaman Sharia. Una Ley que cambia de país en país porque nace de la tradición oral y de las leyes anteriores a Mahoma.

Mientras el Jesucristo cristiano (inventado o no), se enfrenta a las leyes existentes y predica un mensaje totalmente en las antípodas de la Ley Mosaica, Mahoma se suma a cualquier carro, incluido el de Jesús, entendido este como un profeta menor y tolerable por ello. En resumen: el Corán vale para todo, para matar, como para no matar, y esa es justo su perdición y su corrupción espiritual primigenia. Saludos.

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